Metonimias de la obediencia

(por Mayeuta)

El lenguaje es el primer territorio del poder.
En él se siembran los significados que moldean la obediencia, el miedo, la culpa o la indiferencia.
La metonimia —esa figura que nombra una cosa con el nombre de otra— se convierte en una herramienta política: cambia el rostro de las palabras hasta volverlas dóciles.
Este tríptico poético busca desarmar ese truco.
Invita a mirar detrás del nombre, a escuchar lo que el discurso calla, y a devolverle al lenguaje su verdad: la de ser memoria, resistencia y despertar.

  1. Metonimias del poder

Las palabras parecen inocentes,
pero esconden mandatos.
Dicen mercado y quieren decir dueños;
dicen mano dura y quieren decir miedo;
dicen patria y quieren decir obediencia.

El lenguaje se disfraza de verdad,
y en ese disfraz el pueblo repite lo que le hiere:
“Cada uno se gana lo suyo”,
como si el dolor fuera mérito
y la pobreza, destino.

La metonimia se vuelve trampa,
cambia nombres y adormece la conciencia.
Pero basta mirar detrás de la palabra
para ver quién se esconde.

Nombrar con claridad
es un acto de libertad:
llamar hambre al hambre,
y justicia a lo que aún falta.

  1. Manifiesto de las palabras cautivas

Nos enseñaron a repetir sin pensar.
A llamar orden a la obediencia,
progreso al despojo,
y patria al miedo.

Nos dijeron que el mercado es sabio,
como si el dinero tuviera alma,
y que el esfuerzo individual
pesa más que la justicia.

Así, las palabras fueron domesticadas.
Se volvieron jaulas del pensamiento,
metonimias que esconden al amo
detrás de una sílaba limpia.

Pero el lenguaje puede despertar.
Podemos devolverle su rostro a la verdad:
llamar represión a la violencia,
hambre al abandono,
y dignidad al derecho de todos.*

Porque cada palabra liberada
es una grieta en el muro del poder.
Y desde esa grieta,
la luz entra.

III. Meditación sobre el nombre verdadero

Escucha…
cada palabra guarda un alma,
y en su sombra duerme una intención.

Nos dijeron qué decir,
y olvidamos cómo mirar.
Nombramos sin ver,
repetimos sin sentir.

Pero el lenguaje también puede sanar.
Cuando miras una palabra de frente,
ella te devuelve el mundo que escondía.

Entonces entiendes
que el mercado no es destino,
que el orden no siempre es justicia,
y que la patria puede ser también
la ternura de los que comparten el pan.

El pensamiento crítico
no es furia,
es lucidez que respira.
Es el arte de ver con los ojos despiertos
y hablar con el alma sin miedo.

Nombrar con verdad
es volver a habitar el mundo.
Y en ese acto de conciencia,
la palabra deja de servir al poder…
para volver a servir a la vida.

Mayeuta es una voz que indaga en el lenguaje como espacio de conciencia y memoria. Su escritura une el pensamiento crítico, la reflexión social y la poética de la verdad como gesto de resistencia y ternura.

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