La Influencia Silenciosa y Perversa de los Medios de Comunicación en la Salud Mental

La Incidencia Inadvertida de los Medios en la Salud Mental en la era moderna, los medios de comunicación ejercen una influencia poderosa y omnipresente en nuestras vidas. Más allá de informar y entretener, estos medios moldean nuestras percepciones, comportamientos y hasta nuestra salud mental. Sin embargo, detrás de los titulares y programas populares, existe una influencia silenciosa y perversa que merece ser explorada: cómo los medios adoctrinan sutilmente a las masas y afectan negativamente la estabilidad emocional y psicológica de la sociedad. Este artículo se adentra en cómo ciertos programas y narrativas mediáticas desvían la atención de problemas relevantes hacia trivialidades, desincentivando incluso la búsqueda de ayuda terapéutica genuina.

 

La Influencia Silenciosa y Perversa de los Medios de Comunicación en la Salud Mental

En la era de la información, los medios de comunicación tienen un poder inmenso para moldear opiniones, actitudes y comportamientos. Sin embargo, este poder no siempre se usa de manera benéfica. En muchos casos, los medios de comunicación nacionales adoctrinan a las personas para que piensen de la misma manera, perjudicando los espacios terapéuticos y desincentivando intencionalmente la salud mental psicológica de la población.

En un horario estratégico de la tarde, cuando los obreros ya están en sus casas debido a la modificación de las jornadas laborales a 40 horas, estos medios de comunicación llevan a cabo su trabajo de manera más eficaz. Utilizando programas diseñados para influir en la percepción y el comportamiento, estos medios logran que las masas adopten ciertas formas de pensar y actuar sin cuestionar.

Michel Foucault, filósofo y teórico social francés, habló extensamente sobre el poder y cómo se ejerce de manera sutil y ubicua. En su obra, Foucault describe cómo las instituciones y los sistemas de conocimiento pueden controlar y disciplinar a los individuos. Los medios de comunicación, como una de estas instituciones, ejercen una forma de poder que Foucault denomina “biopoder”, el cual regula y controla la vida de las personas a través de normas y discursos.

Guy Debord, en su influyente obra “La sociedad del espectáculo”, argumenta que en la sociedad moderna, la vida se ha transformado en una acumulación de espectáculos, donde las relaciones auténticas entre las personas se reemplazan por imágenes y representaciones mediatizadas. Este espectáculo no solo entretiene, sino que también adoctrina, moldeando el pensamiento y comportamiento de las masas de manera insidiosa.

Laurent Binet, conocido por sus narrativas históricas y su análisis de la propaganda, también aporta una perspectiva crítica sobre cómo se construyen y manipulan las narrativas mediáticas. Binet argumenta que los medios de comunicación pueden construir realidades alternativas que distorsionan la percepción pública y perpetúan agendas ocultas.

Los programas de televisión en cuestión funcionan como herramientas de biopoder y como elementos del espectáculo que describen Debord y Binet. Imponen normas sobre lo que se considera “normal” y “patológico” a través de preguntas superficiales y desinformativas. Un ejemplo claro es el programa “Qué dice Chile”, en el cual se realizan preguntas que desincentivan la salud mental. Por ejemplo, cuando se pregunta “¿Por qué volverías con tu ex pareja?” y una persona responde que fue a terapia, inmediatamente pierde porque la respuesta no contempla la salud mental. Otro ejemplo es la pregunta “Pensando en la salud, ¿qué me dijo mi pareja una vez?” Si alguien responde “que vaya a terapia”, nuevamente pierde porque la terapia psicológica no está contemplada como una respuesta válida.

 

Este adoctrinamiento silencioso socava los esfuerzos de los profesionales de la salud mental, quienes buscan ofrecer un espacio libre de juicios para que las personas exploren y comprendan sus propias experiencias y emociones. Al promover una visión monolítica de la realidad, los medios de comunicación limitan la capacidad de las personas para pensar críticamente y buscar ayuda psicológica cuando la necesitan.

Además, estos programas perpetúan su influencia negativa al comercializar estos conceptos adoctrinados como juegos de mesa, vendiendo la idea de que la salud mental no es una respuesta válida ni importante. Este control sutil, pero omnipresente, es peligroso, ya que perpetúa estigmas y desinforma sobre la importancia de la salud mental.

Es crucial que reconozcamos y cuestionemos la influencia de los medios en nuestras vidas. La salud mental no debe ser una víctima más de la agenda mediática. Necesitamos fomentar una cultura de apertura y comprensión, donde las voces individuales sean escuchadas y valoradas. Solo entonces podremos resistir el adoctrinamiento silencioso y promover una verdadera salud mental psicológica.

 

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